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“Mis peores épocas en la escalada son también mis peores épocas a nivel personal. Si no tengo el coco tranquilo, toda esa intranquilidad la transmito cuando estoy escalando”. Saúl Alonso Rodríguez.

No había ascendido muchos metros cuando Saúl se paró en seco, respiró hondo, y se dijo: quiero bajarme de aquí. Así que, sin dar ninguna oportunidad a su mente, miró abajo, hacia el compañero que lo aseguraba, y le gritó exactamente eso: “bájame de aquí”.

Ya durante su aproximación a la vía, Saúl había sentido cómo los nervios se abrían paso desde su estómago hacia su cerebro, dejándole una larga estela de mal presentimiento. Sin embargo, los había ignorado. Al fin y al cabo, no había ningún motivo para la inquietud. La Vagoneta es una vía que conoce muy bien, como la palma de su mano, y ese día, como había hecho tantos otros, pensaba completarla.

Desgraciadamente, una vez en la pared, los nervios ya se habían hecho fuertes, y mientras él intentaba escalar, aquellos izaban su bandera de conquistadores. “Recuerdo que estaba totalmente descentrado, mirando abajo, mirando a la cuerda… no estaba pensando en cómo hacer el siguiente movimiento ni en nada. Finalmente, cuando llegué al tercer seguro le dije al compañero: bájame de aquí, bloquéame que me voy a colgar. Y me colgué. Una vez abajo, mi amigo no se lo podía creer. Para él, yo estaba escalando a gusto. No notó nada, pero yo tenía un ataque de pánico que no era capaz de hacer una chapa más”. 

Cuando Saúl reflexiona sobre los motivos por los que el pánico lo expulsa de vez en cuando de la roca, llega a la conclusión de que estos se cimientan en sus inseguridades y problemas personales. “A veces, aunque no se sea consciente de ello, en su interior uno está pensando que no sirve, que no es capaz de conseguir nada, que ya no es el que era… Por ejemplo, uno puede venirse abajo si hace tiempo que no consigue algún mérito. Creo que hay una parte de eso, de falta de autoestima, pero también hay otra parte, que son los problemas personales y cómo te afectan en cualquier actividad”.

Saúl mira a otros compañeros escalar, mientras descansa. Foto de Fran Pallero.

Saúl mira a otros compañeros escalar, mientras descansa. Foto de Fran Pallero.

Hoy en día, aunque Saúl trabaja para recuperar la tranquilidad y serenidad necesarias para conquistar cimas, aún siente que el miedo le pisa los talones cuando está allá arriba. Según dice, todavía tiene cuentas pendientes que saldar en su vida antes de poder volver a tutear a la roca. Por eso, ahora escala poco y prefiere centrarse en otro tipo de escalada: el bulder, una disciplina que ya le ha dado varios premios, y en la que se siente especialmente cómodo y fuerte.

“Mi futuro ahora mismo es el bloque, el bulder. Pero esto no quiere decir que deseche por completo volver a escalar. Sé que tarde o temprano me pondré el arnés otra vez. Así que, en resumen, ¿volveré a escalar? Seguro. ¿A niveles altos? Pues, sinceramente, ya no estoy tan seguro de eso. No puedo decir si volveré a tener el punto de motivación para romper techos”.

 

 

 

 

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