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“El miedo nos aparece a todos, y el que diga que nunca tiene miedo no dice la verdad. La cuestión está en gestionarlo”. Lorenzo Pueyo.

Pero, ¿cómo se gestiona el miedo? ¿Cómo mantenerlo a raya en situaciones extremas en las uno se juega la vida? Lorenzo Pueyo, técnico deportivo en Montaña y Escalada, responde que, para lograrlo, se deben activar tres motores: el físico, el psicológico y el técnico, y comparte una situación vivida hace años, en la que su cuerpo, su mente y su técnica fueron armas decisivas para llegar a suelo firme sano y salvo.

Ocurrió en los Mallos de Riglos, concretamente en la vía de escalada Zulú Demente, en el macizo de la Visera, considerado el macizo con el mayor desplome de España. El ascenso estaba transcurriendo sin incidentes cuando, justo antes de alcanzar la cima, se desencadenó una tormenta de verano que, centrada completamente en su labor, convirtió la zona en un escupidero de piedras y agua. “A nivel técnico, seguir subiendo no suponía ningún problema para los dos que componíamos la cordada, pero las condiciones meteorológicas fueron tan adversas que era imposible salir por arriba. Tuvimos que iniciar el descenso”, explica Lorenzo.

Y empezaron a bajar. El agua y las piedras seguían cayendo y, aunque en un momento dado el desplome de la pared les sirvió de cobijo para evitar la lluvia directamente sobre sus cabezas, el agua se filtraba por los canales de la roca y todo estaba empapado.  “Como esa vía es extraplomada, si bajas te vas separando de la pared cada vez más. Entonces, volver a bajar por la misma ruta de subida es muy complejo, y técnicamente hay que hacer muchas maniobras. Por eso, si subir hasta el último o penúltimo largo nos costó unas tres horas y media, bajar nos llevó cinco horas o más. Allí sí tuve la sensación de un poco de agobio o miedo por el resultado final… que pudiera pasar algo. Afortunadamente, hay recursos para tratar de solucionar situaciones difíciles y que no nos afecten demasiado”.

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Lorenzo Pueyo y un amigo se resguardan de la nieve.

 

Comenzando por el recurso físico, Lorenzo pone como ejemplo la respiración. “En momentos de peligro, de riesgo, hay que aumentar el ritmo respiratorio. Al aumentar el ritmo respiratorio metemos más oxígeno y hacemos que el cuerpo tenga más energía. Con esto conseguimos que se vaya relajando”. Pero el cuerpo, por muy entrenado y fuerte que sea, no es suficiente sin un control mental; “yo utilizo lo que se denomina la visión túnel. Eso me permite concentrarme en algo y aislarme de los agentes externos. Es saber dirigir el pensamiento y focalizarlo en el trabajo técnico para que ese trabajo te dé un resultado positivo. Supongamos que nos coge una tormenta eléctrica en mitad de un ascenso y nos entra el pánico. Pues bien, si nos cae un rayo da igual que estés mirando al cielo o no. Es decir, el rayo te va a caer igual haga lo que hagas. Así que lo mejor es concentrarse en lo que se está haciendo y, progresivamente, ir resolviendo las distintas cuestiones técnicas”. En cuanto al tercer motor, la técnica, advierte de que la persona que no domina el aspecto técnico “empieza a dudar y comete errores. Y, si cometen errores en ese contexto, el resultado final suele ser drástico”.

Como técnico deportivo de Montaña y Escalada, ha tenido que enfrentarse a alumnos y alumnas que se han bloqueado por el pánico. Personas que pueden estar muy preparadas técnica y físicamente, pero que, a la hora de la verdad, les falla la mente. “Cuando miro a un vacío de mil metros y voy sin cuerda haciendo unos pasos de escalada en montaña soy consciente de que hay motivos para que me afecte, motivos que harían que yo tuviera miedo. Miro hacia abajo y sé que ahí está la muerte, o que puede que esa situación me lleve a que abandone mi cuerpo material. Pero soy capaz de mirarla y decirle: bueno, tú estás ahí abajo, esperándonos a todos los mortales, y yo estoy aquí arriba y, de momento, yo sé lo que tengo que hacer para pasar al lado tuyo y que no me atraigas ni me lleves ahí abajo. Y, si me bajas, es porque toca y, a parte, como estoy en un medio donde soy feliz, pues incluso me río cuando veo ese vacío que puede llevarme a la muerte. Sin embargo, hay personas que no tiene esa mentalidad y que, cuando se asoman a esas situaciones, sí que les afecta, las bloquea, y hay que sacarlas”.

 

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Lorenzo se prepara para escalar.

 

Para poder rescatar a alguien de un bloqueo también hay técnicas, maneras de hacer las cosas, formas de tratar a la gente. “Yo muy serio y muy duro no me pongo. Si las personas a las que enseño quieren llegar hasta la situación en que se bloquean y pierden los nervios, las dejo porque sé cómo son las reacciones humanas. Una vez que están bloqueadas del todo y ven que no pueden por sí mismas y que la situación les supera por todos los sitios, les digo: ahora es el momento en el cual yo voy a dirigir tu cuerpo. Tú no te preocupes de nada. Y ya les hablo muy despacito, les transmito instrucciones muy concretas y muy breves, y se ponen en mis manos. Van dirigidas por mi. Me encargo de que sus cerebros funcionen solo con lo que yo les digo”.

Lorenzo Pueyo lleva más de 40 años en la montaña, coleccionando experiencias y sensaciones, aprendiendo de sí mismo y de lo que lo rodea. Ha vivido situaciones extremas y ha tenido que resolver conflictos propios de este deporte. “He hecho de todo por todos los sitios y aún no me han tenido que venir a rescatar nunca. Ni a mi, ni a la gente que ha venido conmigo”, termina.

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